viernes, 19 de junio de 2015

Comentario Teatral "Crónicas de una Batalla". Mario Ojeda

CICLO DE TEATRO HISTÓRICO EN EL PATIO DE COMEDIAS.

Comentario Teatral


Mario Ojeda.




1822 CRÓNICAS SUBYACENTES DE UNA BATALLA es un trabajo escrito y dirigido por la agrupación cultural RANA SABIA como producto de un importante proceso investigativo.

En la Rana Sabia de los vistosos, caricaturescos y expresivos muñecos se abre paso la actuación del actor y actrices como forma prioritaria de contar esta parte de la historia del Ecuador. La batalla del Pichincha.

La teatralidad está presente a través de la creación escénica de tres personajes de carne y hueso (no son títeres) que cuentan historias en un lugar popular de nuestro país. Sabemos que es allí por la utilización de símbolos y lenguajes culturales compartidos, sin embargo, la escenografía destaca la presencia omnipresente del Rey de España Felipe II y la imagen de un Patriota de la naciente república en aquel entonces,  representados ambos bajo la forma de muñecones.

Lo popular es una característica principal en el trabajo pues el argumento gira alrededor de personajes que deben vender ungüentos, abanicos, escapularios, catapultas, muñecos y mil cachivaches más. Es de carácter popular además porque al final de cada una de las tres historias que se cuenta durante la obra, la reflexión final la realiza siempre un personaje que devela el enorme contingente de esfuerzos y penalidades que su clase social ha realizado y lo poco o nada que ha logrado luego de la lucha librada siendo casi siempre usados como carne de cañón.

Los tres personajes centrales, sus relaciones y la elaboración comprensiva de su realidad  son el producto de un espacio imaginario parecido al de una plaza o cualquier parque por donde circulan posibles compradores para sus chucherías, en un tiempo que puede ser el pasado cercano a la Batalla del Pichincha o incluso de la actualidad pero referido a aquella época.

El público de estos vendedores sabios  y charlatanes populares es imaginario aunque en varios momentos es el mismo público que ha asistido a la sala del Patio de Comedias.

El argumento se inicia con la introducción que un personaje anónimo realiza y que anuncia el sentido de la obra y despierta la conciencia crítica en el público que asiste al PATIO.

Entran en juego los personajes centrales que en pocos minutos muestran el ambiente de la época interpretando a diferentes seres que por aquel entonces vivieron con sus intereses económicos y sociales y sus contradictorias relaciones.

Está el hacendado y comerciante que al ir a misa comenta con la vendedora charlatana su disgusto contra el régimen y su infortunio: “Se me han muerto cinco indios de la hacienda sin siquiera avisar”. “Que falta de respeto”. 
Aparece el cura que jura castigo eterno al que falte a la iglesia y también asoma la elegante dama española que al hacer compras en el mercado deja en claro su condición  “noble” frente a la “india asquerosa” que la atiende.

Al discurrir el contexto histórico de la época se pone de manifiesto también la manera y recursos con que los RANA van a reinterpretar la historia oficial esta vez a su manera.

Desde el inicio el lenguaje verbal de la trama es abordado con la alegría sonora y la constante musicalidad de la rima. En algunos casos sonetos y en otros rima perfecta e imperfecta.

Este detalle embellece al trabajo y da cuenta de una de las más altas cualidades de esta agrupación artística.

Los personajes históricos a partir de este momento serán interpretados por títeres, manejados desde el teatrino fijo o desde el  móvil,  y en otras ocasiones serán insuflados de vida por medio de títeres sin teatrino  frente al público desnudando la riqueza del juego de muñecos.

El actor y las actrices mantendrán sus personajes para ir conduciendo la estructura narrativa de la obra, a la vez, imponiendo el vaivén emocional con  procesos de acercamiento y alejamiento de la conciencia social de los espectadores como parte de la dramaturgia de esta puesta en escena.

El contador de historias y la vendedora ambulante se disputan el territorio de las ventas, se disputan el espacio de la sobrevivencia con groserías verbales conocidas,  sin embargo, la curiosidad humana por lo divertido y el chisme hacen posible que el juglar salga con la suya e inicie la primera historia.

Su ayudante una secretaria sin palabra pero con una matraca escandalosa en la mano  “afinada en Do menor” apoya la narración de una de las sublevaciones más grandes que registra la historia del Ecuador sucedida en 1803 en el territorio de Guamote y Columbe.

 “El cobro de los diezmos, la población ya no la aguanta más” es lo que dice el títere Cecilio Taday frente a su patrón quien en violenta arremetida golpea y tumba al indígena.
Luis Sigla y Lorenza Avemañay quien proclama “Vivir sin Rey” correrán la misma suerte cuando enfrentan a los guardias realistas.

En el pequeño teatrino portátil llama la atención la violencia con que se mueven los títeres y la fuerza interpretativa de la voz, de manera que reduciéndose el campo visual de acción se incrementa su fuerza comunicativa.

La vendedora ambulante que a veces cumple el papel de coro, al estilo griego,  realiza varios comentarios junto a sus complementarios muñecos, los cuales, por su simplicidad reducen la intensidad dramática del momento produciendo por primera vez una especie de alejamiento de la trama por parte del espectador.

“Lorenza Avemañay en el pueblo de Columbe nos habló de libertad” es el estribillo que canta el sabiondo charlatán,  quien termina intentando vender las alpargatas de Cecilio Taday.

La vendedora ambulante vocea tres o cuatro cosas más sin lograr despertar gran interés.

Llega el contador de historias alistado en el ejército. Anuncia el reclutamiento general que por aquellos días se convierte en ley general de la Real Audiencia so pena de castigo y hasta muerte a quien se niegue.

La vendedora ambulante saliéndose de su característica conceptual e interpretativa sorprende a todos al comentar la canción de proclama de guerra y alistamiento general. 
Este personaje adquiere súbitamente  y sin transición  la capacidad de voceadora de la conciencia social del momento.

Mientras se prepara la guerra el Rey Fernando II abre diálogo con el Patriota representante de la clase insurgente quien en realidad es un Marques hijo de españoles, heredero de una hacienda que Felipe II  concedió a su padre. El patriota pide que esta relación de entendimiento con el rey se mantenga en reserva.

Acción artística amplificada por el uso de los muñecones y prolífera de intenciones por el manejo de un texto desembozado. El público ríe con intención de dirigir su ironía hacia circunstancias políticas repetidas a lo largo de la historia.

El contador de historias vuelve esta vez convertido en pintor. Ha pintado el campo de batalla en lo que hasta aquí se veía como pared y teatrino.

Pintura infantil. De un lado el ejército liderado por Aymerich y del otro lado por tres soldados bolivarianos.

Del dibujo aparecen dos brazos humanos enfrentados que representan la batalla de los ejércitos a través de una pelea de dos manos. Halan,  pellizcan,  tuercen, empujan, chirlean, todo esto acompañado de gritos y pelea verbal.

La escena es resuelta teatralmente de manera perfecta produciendo el momento de mayor disfrute del público que ríe por el ingenio y la forma en que se enfrentan las manos.
La guerra libertaria pierde seriedad y veracidad histórica para dar lugar a un momento de comicidad infantil.  
Al final de la escena el mismo personaje contador de historias parecería que abandona la obra y simplemente charla con el público acerca de lo sucedido generando el segundo distanciamiento.

La obra termina con la anécdota de Abdón Calderón y su padre Francisco Calderón coronel realista, tesorero de los caudales reales que se negó a entregar los recursos al ejército al que se pertenecía y lo cedió al gran colombiano.  

Abón Calderón cuenta su ingreso al ejercito de Sucre y en el Pichincha muere.  Su muerte no sucede por causa natural o tuberculosis,  tampoco debido a su desempeño bélico, más bien por falta de empatía con el resto de los títeres.

domingo, 14 de junio de 2015

Comentario Teatral: LA TRAVIATA en la CREPEROLA del PATIO DE COMEDIAS. Mario Ojeda

comentario teatral en el Patio de Comdias
LA TRAVIATA EN LA CREPEROLA  del PATIO DE COMEDIAS.

COMENTARIO TEATRAL

MARIO OJEDA



La noche del martes 26 de Mayo se dio lugar un evento artístico muy interesante en LA CREPEROLA del PATIO DE COMEDIAS.

María del Carmen Albuja viuda de Guarderas había hecho la producción de un show artístico que nos hizo imaginar las noches de bohemia de Venecia de los años 1853 cuando esta ópera fue estrenada en el teatro Fenice.

Para entonces la sociedad veneciana había vivido una serie de campañas bélicas entre el reino de Austria, revoluciones populares y el mismo Napoleón III por la posesión de territorios. Una sociedad  monárquica que comenzaba a asimilar óperas que no eran de carácter épico o histórico sino libretos pasionales cercanos al drama y al melodrama.

En LA CREPEROLA del PATIO DE COMEDIAS las mesas de mantel bordado, el sonido chispeante de los vasos de vino servidos, el alegre bullicio de un público de buena conversación y una señora muy elegante que se acerca al oído de su acompañante y entre sutiles perfumes de su pañuelo le dice: “Mijo, a mí no me gusta la champagnia …..ME ENCANTA!!”.

La primera y única risa “a dúo” de la noche atravesó todo el salón lleno de distinguidos caballeros, damas, ágiles y amigables meseros, decorados teatrales y siguió su camino hasta fundirse en la memoria de un momento gracioso e íntimo en medio de muchos.

La escenografía para la representación de algunos fragmentos de la ópera más difundida en el mundo se encontraba presente como una imagen de novela que nos recordaba que ésta ópera fue escrita en base a La Dama de las Camelias de Alejandro Dumas.

Las coloquiales conversaciones y las penetrantes miradas directas y de re ojo, se fueron concentrando en María del Carmen Albuja una encantadora señora quien con absoluta certeza contaba cómo esta iniciativa parte de la intención personal de acercar al público de Quito a la ópera y a la vez rendirle homenaje a Giuseppe Verdi.

Su esposo Raúl Guarderas antes de su definitiva partida,  pedía constantemente escuchar a Verdi cuya ópera lo relajaba e inspiraba… al punto que  se dio el placer de hacer sentir ese placer a través de algunos versos  dichos por primera vez pero como de memoria, a su esposa, una tarde mientras miraba al Cotopaxí desde su ventana con la Traviata acompañándolos.

La emotividad compartida entre la anfitriona y sus invitados  daba paso al primer fragmento de la obra en el que Violetta Valeri conoce a Albert Germont, quien inesperadamente y aprovechando de una pausa en la fiesta que Valeria ofrecía, le declara su amor.

El drama se presentía desde el inicio en la destacada interpretación musical que hacían la soprano María Isabel Albuja y el tenor Jorge Cassis en sus respectivos papeles.

Respetando el vestuario contemporáneo de aquella época, con el aporte de la musicalidad y la capacidad actoral operística de estos dos importantes cantantes se lograba imponer la magia de éste género que demanda entrega total para generar credibilidad escénica dentro de una convención artística poco conocida en Ecuador.  

Para la segunda aria la puesta en escena se servía de ciertos videos que facilitaban la narración del argumento y a la vez contextualizaban la magnitud de la obra puesta en escenarios europeos.

A medida que los fragmentos avanzaban en el pequeño y amigable escenario de la Creperola, la intensidad de la actuación iba tomando vigor en el delicado cuerpo de María Isabel que se acercaba poco a poco a la recreación de un personaje pasional que demanda una gestualidad amplificada, una sonoridad musical basta en emociones respaldada en amplios registros y una intencionalidad acertada del texto.

Jorge Cassis dueño de una magnífica y aterciopelada voz, en su papel nunca exploró los caminos de la actuación afectada propia del melodrama y se mantenía sobrio y profundo en la capacidad expresiva del canto como recurso prioritario para entregar todos los sentimientos y matices de un personaje que ama pero que finalmente fracasa en su relación.

El público aplaudía repetidas veces las interpretaciones sinceras de estos profesionales de la ópera que con tan sólo un piano impecablemente acariciado por Alex Alarcón lograban revivir  una importante  obra musical de todos los tiempos añadiéndole la audacia interpretativa de voces latinas.

El bajo Sergio Ensiso en su papel de Giorgio Germont anticipaba el trágico final de la obra negando la posibilidad de que el intenso amor de su hijo y Violetta pueda materializarse bajo las inaceptables condiciones de libertinaje en que Violetta había vivido hasta entonces.
Violetta en último y desesperado intento por salvar su relación trata de llamar a su compañero pero en medio de una terrible confusión éste cree que ella ha vuelto con su antiguo amante y la desprecia en público.

La catarsis actoral y musical llegaba en los momentos finales cuando sobre una cama de cortesana parisiense del siglo XIX la frágil figura de una Violetta enferma de tuberculosis se marchitaba como el sufrimiento de una flor que se abre para morir.

Escena larga y final que exigía control actoral, fuerza emotiva y espectacularidad vocal.
Los cantantes en la despedida del espectáculo en medio de reiterados aplausos se entregaban a su público y pedían su participación en unos pasajes de la melodía más reconocida de la ópera.

La fiesta se estaba consumando y aún le esperaba al público una deliciosa cena con crepe de champigniones como “introducción”. Como “desarrollo” o plato fuerte un pollo en salsa de tomillo “en coro” con un arroz meloso de zanahoria y vegetales salteados, dejándole para el “desenlace” o postre a un “sólo” de mousse de maracuyá al que inevitablemente se le unía “in allegro” un canuto de crepe zanzibar.

La dama de la champagnia cerraba dulcemente sus ojos con cada lento bocado.




  









domingo, 7 de junio de 2015

Comentario Teatral "La Venadita" Mario Ojeda

CICLO DE TEATRO HISTÓRICO EN EL PATIO DE COMEDIAS

Comentario  Teatral

MARIO OJEDA



LA VENADITA es una obra teatral creada y dirigida por Susana Pautaso e interpretada por Juana Guarderas.

Mientras buscamos el número de asiento en la sala del Patio de Comedias el personaje recibe al público actuando sin actuar. Nos recibe con una sonrisa de agrado mientras prepara al abuelo fuego.

El público siente esa actuación verdadera y no sabe qué hacer con ello, no sabe si responderle con otra sonrisa o sólo sentarse y esperar mientras se inicia la obra.

Esta relación se mantendrá, esta delicada manera de acercarse al sentimiento del público, hacerlo ingresar en la trama pero a la vez dejarlo que decida.

Se inicia el monólogo y con ello la vida en escena del personaje. Un personaje reconocible no por saber su nombre o procedencia sino por intuirlo vivo en cualquier plaza, en cualquier casa o construcción de barro de algún lugar cercano a Quito o quizás del campo.

Un personaje que ya lo conocemos pero que a lo largo de la representación nos damos cuenta que no es como lo habíamos tenido en el inconsciente colectivo, pues con cada unidad temática del desarrollo de la obra sentimos que recién la estamos apreciando a profundidad y que es bonito verla, disfrutarla, acogerla, amarla, recordarla.

Desde el inicio La Venadita es un personaje que se erige grande porque es delicado y profundo, con una gran determinación para defender con su vida lo que es valioso. Es una mujer anciana con una juventud encantadora en su alma, con la armonía eficaz de lo simple que se vuelve bello. Mientras transcurre la obra se vuelve cada vez más bella mientras camina al encuentro con la muerte.

La Venadita debe entregar la acumulación de vida diaria y conocimiento a su nieta, quien debe llegar antes de que las campanas del duendecillo del cielo se la lleven.

Lo que va a entregar a su nieta no es un conocimiento cualquiera: es la dulzura con que La Venadita ha tratado a los seres que han llegado a su camino, es el cálido corazón creador del fuego abuelo en las tortillas de maíz  y en la voz de La Venadita que moldea las partes de la existencia humana para darles sentido de amor. Quiere entregar a su nieta la sabiduría del monte y la sanación de las enfermedades por medio de yerbas y plantas que forman parte de su chocita y de su entorno. Quiere que su nieta sea depositaria del canto transparente y purificador del agua y del jugueteo vivas y alegre de la risa y del viento.

Constantemente pide ayuda a los elementos sabios del fuego, del agua, del viento hecho canto y de la danza para que se cumpla su deseo y a la vez necesidad de entregar a su nieta lo que ya nos lo ha regalado a los espectadores con su sabia actuación femenina en todos los episodios narrados de su vida.

La dramaturgia de este trabajo es poderosa. El personaje vive un gran conflicto por eso es un gran personaje que no afloja la sutil tensión dirigida al público ni un instante.

Temática extrema que requiere lo mejor de la mujer-actriz para plantear a través de La Venadita con cándida sencillez lo mejor también de la conciencia humana frente a la vida y frente a la muerte.

El mestizaje idiomático muy frecuentado por la actriz en otros trabajos esta vez no se dirige hacia lo cómico sino hacia lo identitario para compartir con su público una dramaturgia creada desde las raíces indoamericanas que se proyectan universales.

La representación da como resultado un poema de la vida que se dirige a si misma es decir camina al encuentro de la propia vida. No es un poema de lirismos o de desgarradoras sentencias filosóficas sino más bien un conjunto de lenguajes ecuatorianos que se unen para hablar de nosotros.

Poco movimiento corporal en escena sin embargo gran movilidad de emociones y sentimientos a través de un acertado manejo de los momentos de intensidad y blandura tanto en las acciones como en el texto.

La trama y dentro de ella el conflicto es narrado y vivido por medio de varias herramientas artísticas-humanas: la narración de hechos, la representación imaginaria de situaciones y personajes, el manejo de textos y canto en quichua y español, el canto, el canto-baile pero con una gran fuerza comunicativa no por su espectacularidad sino porque surgen plenas de contenido humano y sabiduría con naturalidad y dulzura.

Todos estas herramientas actorales provocan sin decirlo una confrontación entre los seres convocados a la teatralidad. Es una confrontación en el territorio de la conciencia que se libra en la mente y en el corazón de los espectadores.

La utilería de la puesta en escena no corresponde a una estética de lo bonito por su forma y color sino a una estética de lo bello por su uso y significado, es decir aquí nuevamente Juana Guarderas intérprete y Susana Pautaso autora, vuelven a ser fiel a las raíces de donde parte este llamado inspirador de la conciencia que permite a estas dos mujeres grandes construir una aún más poderosa... La Venadita.

El personaje junto a sus abuelos y taitas fuego, agua, viento, montañas cuya representación funcional conviven en su casa, se encargan de permitirnos asistir no a un monólogo teatral sino a una obra donde los elementos de la naturaleza convertidos en personajes tienen un papel, cumplen sus objetivos y desarrollan sus lenguajes.  

Lo sacro y lo profano de la cultura indoamericana se vuelve cotidiano, práctico y preciso. Va y viene con fluidez y ligereza en la virgen con su procesión,  en un bastón de mando que puede ser bastón, garrote y hermano, en el maíz alimento y representación simbólica del runa y en cada hecho narrado que nos permite vislumbrar el espíritu que alienta la vida.

Detrás de cada hecho pasajero en la realidad vital de La Venadita el espectador siente la presencia del aliento de vida y el corazón de todos.

Cada elemento-personaje que forma parte de la obra tiene poder, es un poder para el bien, para la continuidad, para el encuentro, para el goce, para el amor y desarrollan cada uno su lenguaje a través de señales y efectos que el personaje central nos hace sentir.

La obra es generosa porque se expone ante un público citadino que poco entiende acerca de los ciclos productivos del campo donde los elementos de la naturaleza determinan la sobrevivencia de todo cuanto existe en el planeta y marcan los tiempos de siembra y cosecha, que son a la vez tiempos de esperanza y realización de esa esperanza humana.

La tónica emotiva se percibe intensamente así como en la pieza musical de ritmo capishca "LA VENADITA" originaria de los cerros del Chimborazo de donde surge el nombre de esta obra teatral.
También la pieza musical que forma parte del género de los arawis de la literatura indígena es de afecto y casi ternura hacia la hermosa hembra fugitiva.  “zapalla taruguitalla” (“Solitaria venadita”) de sonido tan dulce.

Todo el poema indígena de la canción está traspasado por contacto con la naturaleza. Es un canto de amor y ternura a una criatura de esa naturaleza que vive en soledad y anchos horizontes.  Esos sentimientos eran por completo ajenos a los colonizadores hispanos, para quienes una venada no era sino objeto de cacería. 

El poema es documento palpitante de otra sensibilidad expresada en su pureza primitiva y también es ese justamente uno de los mejores logros de la dramaturgia y de la actuación teatral.

La nieta de la Venadita que desde niña ha vivido en la ciudad no acude al llamado de su abuela. Tal parece que ha sido cazada ya.
           

jueves, 28 de mayo de 2015

Comentario Teatral "El país de la canela" Mario Ojeda

CICLO DE TEATRO HISTORICO EN EL PATIO DE COMEDIAS.
Comentario Teatral
Mario Ojeda.

EL PAÍS DE LA CANELA” de la agrupación Círculo Artes Escénicas es un trabajo teatral  escrito y dirigido por Francisco Sánchez del Tryo Teatro Banda Chile.

La obra es el producto del encuentro entre profesionales del entretenimiento circense y un episodio fundacional de la sociedad ecuatoriana que forma parte de la historia oficial del país: El descubrimiento del río Amazonas por parte del conquistador Francisco de Orellana en 1542.

Se inicia la obra con la musicalidad de un reconocido ritmo mestizo tocado, cantado y semi bailado por tres fonámbulos populares que al presentarse se introducen en el confianzudo desparpajo de hacer en escena lo que en apariencia se les viene en gana pero que luego de más de 200 representaciones por diferentes provincias del país se ha convertido en un preciso y sincronizado formato.

Cuando la historia es contada por un libro la percepción del lector es individual, comprensiva  y pasiva. Cuando los contenidos son transmitidos por un profesor de historia el mensaje es captado por los alumnos a través de la distancia que se interpone entre la realidad presente y los hechos del pasado, pero cuando la historia es interpretada por un trío de juglares ecuatorianos  la vivencia del público es intensa, su comprensión es audaz y dimensional, los hechos, personajes y momentos resucitan y le corresponde al espectador ubicar en el presente las consecuencias de lo sucedido en el pasado histórico.

La comodidad de la individualidad pasiva frente a la historia cambia radicalmente de orientación.

El juglar es un artista de atracciones cuyo primer y principal objetivo es divertir a su público.
Así es como se presenta esta obra y así mismo la recibe el curioso, el serio, el intelectual y el yunta, el que aplaude y el que analiza, lo reciben desde la perspectiva del hombre orquesta que recita, canta, baila, juega con picardía, yendo de unos lugares a otros, asumiéndose casi poeta y charlatán.

Para divertir al público y a la vez contar la historia desde su perspectiva los acróbatas no escatiman ni siquiera su seguridad física en el escenario con tal de seducir los sentidos de los presentes y para ello cuentan con un conjunto de capacidades corporales con las cuales se permiten jugar  malabares  sin olvidar hacer jugar a la audiencia.

El lenguaje de estos tres saltimbanquis es variado porque transitan entre la música en vivo, los murmullos, las ambientaciones sonoras, las palabras y los insistentes momentos narrativos incansables como cascadas de palabras llenas de situaciones y anécdotas.

Se plantean un conquistador español que ambicionando el país de la canela decide junto a un pequeño ejército de españoles pero con un enorme conglomerado de esclavos nativos bajar desde Guápulo hacia el oriente. 


Francisco de Orellana viaja contando con una virgen del sol como esclava personal. 


Una simple soga atada a la cintura del encantador personaje esclava adquiere una serie de connotaciones de dominación y dependencia mutua a lo largo de la pieza que representa simbólicamente al proceso de conquista cultural mutua.

Los ilusionistas de la lengua y el cuerpo con tan sólo tres humanidades en perpetuo movimiento logran crear uno de los mejores momentos de la obra; el difícil acceso de este gran contingente de soldados y esclavos a la enmarañada y peligrosa selva amazónica.

Se produce entonces el primer silencio de la obra cuando el torrente de palabras cesa y domina el eco de silbatos, susurros y atrapante danza de tres cuerpos paisajeando árboles, ramas, matorrales, senderos, quebradas, cuevas, pasos peligrosos, saltos, precipicios por donde uno tras otro de los nativos van perdiendo la vida al punto que ninguno de los que inició la travesía pudo volver a su tierra de origen.

La marcha de la ambición-dominación obsesiva no descansa, convirtiendo a los hombres en caníbales y a su perros en figuras representativas de su estado interior especialmente cuando por accidente y a la vez necesidad construyen una embarcación para bajar por el río en busca de comida. 
Así es como descubren el inmenso río Amazonas y sus hembras mitológicas.

La obra es la narración de un importante capítulo de la historia que cuenta de manera divertida la cronología de acontecimientos y desplazamientos geográficos hasta llegar al Amazonas.  

Al público se le permite acceder al hecho a través de un conjunto de episodios anecdóticos sin embargo no llega a comprometer la intencionalidad psíquica del espectador. 

La razón está dada por el estilo de la narración y por el carácter histórico de esta narrativa.

La poderosa carga emocional que un personaje bien diseñado puede encender sólo la manifiesta el único personaje  completo que este trabajo propone en la esclava. 

Delicado encanto para ceder cuando se sabe vulnerable pero también propositiva intuición para acechar y convencer cuando le es favorable. 

Personaje íntegro en su disposición de servir al amo sin traicionar su cultura, sus creencias y tradiciones. 
Finalmente es devorada por su amo y su perro fiel. Repartida sus partes de acuerdo al rango de sus conquistadores como lo fue toda América.

Son tres artistas en el escenario pero son muchísimos los hombres y mujeres que representan así como son tantos los lugares por donde se desplazan imaginariamente a través de marchas forzadas a pie, en mula, a caballo y en canoa.

El público disfruta al ver como el cuerpo adquiere tantas capacidades, la voz variadas significaciones, la música diversas ambientaciones y dominios sugestivos de lo popular y hasta el propio piso se levanta para formar chozas, barricadas y embarcaciones.

Cada unidad temática de la narración es interpretada siguiendo los parámetros del teatro y tienen sus propios argumentos pero a la vez este gran cuerpo narrativo no alcanza a priorizar ni  profundizar un conflicto central que ocupe la expectativa intelectual y emocional del auditorio.

Así en medio de un despliegue generoso de talento y herramientas artísticas, algunas de las cuales bordean la espectacularidad del circo,  pero también la sobreactuación en algunos momentos, la dramaturgia teatral pierde fuerza y sustancia comunicativa y sin embargo el reflejo rápido de la creatividad inmediata del trapesista lo soluciona como ya lo hicieran los saltimbanquis invitados a la boda de las hijas del Cid en la baja Edad Media.

Todo juglar tiene detrás a un trovador que crea el texto poético con magnífica y elocuente  retórica pero sin picardía. Es el propio juglar que al confrontar la sapiencia del poeta a la rígida indiferencia del transeúnte que re elabora el texto con absoluta irreverencia y con evidente malicia hasta volverlo interesante y dinámico.

Los juglares del Círculo Artes Escénico cuentan ahora con un texto ágil, claro y divertido. Un texto que facilita la actuación porque cumple básicamente dos funciones. Dimensiona fantásticamente lo que no se puede mostrar y complementa lo que la actuación no alcanza a representar sin dejar de narrar efectivamente el episodio histórico.

Si mañana al salir de tu casa miras a un barbudo tocando el acordeón en una tabla que se balancea sobre una pelota es porque al dar la curva en la esquina uno de estos juglares se te metió en el cerebro y está riendo con una de tus neuronas. Con la distraída.