viernes, 19 de junio de 2015

Comentario Teatral "Crónicas de una Batalla". Mario Ojeda

CICLO DE TEATRO HISTÓRICO EN EL PATIO DE COMEDIAS.

Comentario Teatral


Mario Ojeda.




1822 CRÓNICAS SUBYACENTES DE UNA BATALLA es un trabajo escrito y dirigido por la agrupación cultural RANA SABIA como producto de un importante proceso investigativo.

En la Rana Sabia de los vistosos, caricaturescos y expresivos muñecos se abre paso la actuación del actor y actrices como forma prioritaria de contar esta parte de la historia del Ecuador. La batalla del Pichincha.

La teatralidad está presente a través de la creación escénica de tres personajes de carne y hueso (no son títeres) que cuentan historias en un lugar popular de nuestro país. Sabemos que es allí por la utilización de símbolos y lenguajes culturales compartidos, sin embargo, la escenografía destaca la presencia omnipresente del Rey de España Felipe II y la imagen de un Patriota de la naciente república en aquel entonces,  representados ambos bajo la forma de muñecones.

Lo popular es una característica principal en el trabajo pues el argumento gira alrededor de personajes que deben vender ungüentos, abanicos, escapularios, catapultas, muñecos y mil cachivaches más. Es de carácter popular además porque al final de cada una de las tres historias que se cuenta durante la obra, la reflexión final la realiza siempre un personaje que devela el enorme contingente de esfuerzos y penalidades que su clase social ha realizado y lo poco o nada que ha logrado luego de la lucha librada siendo casi siempre usados como carne de cañón.

Los tres personajes centrales, sus relaciones y la elaboración comprensiva de su realidad  son el producto de un espacio imaginario parecido al de una plaza o cualquier parque por donde circulan posibles compradores para sus chucherías, en un tiempo que puede ser el pasado cercano a la Batalla del Pichincha o incluso de la actualidad pero referido a aquella época.

El público de estos vendedores sabios  y charlatanes populares es imaginario aunque en varios momentos es el mismo público que ha asistido a la sala del Patio de Comedias.

El argumento se inicia con la introducción que un personaje anónimo realiza y que anuncia el sentido de la obra y despierta la conciencia crítica en el público que asiste al PATIO.

Entran en juego los personajes centrales que en pocos minutos muestran el ambiente de la época interpretando a diferentes seres que por aquel entonces vivieron con sus intereses económicos y sociales y sus contradictorias relaciones.

Está el hacendado y comerciante que al ir a misa comenta con la vendedora charlatana su disgusto contra el régimen y su infortunio: “Se me han muerto cinco indios de la hacienda sin siquiera avisar”. “Que falta de respeto”. 
Aparece el cura que jura castigo eterno al que falte a la iglesia y también asoma la elegante dama española que al hacer compras en el mercado deja en claro su condición  “noble” frente a la “india asquerosa” que la atiende.

Al discurrir el contexto histórico de la época se pone de manifiesto también la manera y recursos con que los RANA van a reinterpretar la historia oficial esta vez a su manera.

Desde el inicio el lenguaje verbal de la trama es abordado con la alegría sonora y la constante musicalidad de la rima. En algunos casos sonetos y en otros rima perfecta e imperfecta.

Este detalle embellece al trabajo y da cuenta de una de las más altas cualidades de esta agrupación artística.

Los personajes históricos a partir de este momento serán interpretados por títeres, manejados desde el teatrino fijo o desde el  móvil,  y en otras ocasiones serán insuflados de vida por medio de títeres sin teatrino  frente al público desnudando la riqueza del juego de muñecos.

El actor y las actrices mantendrán sus personajes para ir conduciendo la estructura narrativa de la obra, a la vez, imponiendo el vaivén emocional con  procesos de acercamiento y alejamiento de la conciencia social de los espectadores como parte de la dramaturgia de esta puesta en escena.

El contador de historias y la vendedora ambulante se disputan el territorio de las ventas, se disputan el espacio de la sobrevivencia con groserías verbales conocidas,  sin embargo, la curiosidad humana por lo divertido y el chisme hacen posible que el juglar salga con la suya e inicie la primera historia.

Su ayudante una secretaria sin palabra pero con una matraca escandalosa en la mano  “afinada en Do menor” apoya la narración de una de las sublevaciones más grandes que registra la historia del Ecuador sucedida en 1803 en el territorio de Guamote y Columbe.

 “El cobro de los diezmos, la población ya no la aguanta más” es lo que dice el títere Cecilio Taday frente a su patrón quien en violenta arremetida golpea y tumba al indígena.
Luis Sigla y Lorenza Avemañay quien proclama “Vivir sin Rey” correrán la misma suerte cuando enfrentan a los guardias realistas.

En el pequeño teatrino portátil llama la atención la violencia con que se mueven los títeres y la fuerza interpretativa de la voz, de manera que reduciéndose el campo visual de acción se incrementa su fuerza comunicativa.

La vendedora ambulante que a veces cumple el papel de coro, al estilo griego,  realiza varios comentarios junto a sus complementarios muñecos, los cuales, por su simplicidad reducen la intensidad dramática del momento produciendo por primera vez una especie de alejamiento de la trama por parte del espectador.

“Lorenza Avemañay en el pueblo de Columbe nos habló de libertad” es el estribillo que canta el sabiondo charlatán,  quien termina intentando vender las alpargatas de Cecilio Taday.

La vendedora ambulante vocea tres o cuatro cosas más sin lograr despertar gran interés.

Llega el contador de historias alistado en el ejército. Anuncia el reclutamiento general que por aquellos días se convierte en ley general de la Real Audiencia so pena de castigo y hasta muerte a quien se niegue.

La vendedora ambulante saliéndose de su característica conceptual e interpretativa sorprende a todos al comentar la canción de proclama de guerra y alistamiento general. 
Este personaje adquiere súbitamente  y sin transición  la capacidad de voceadora de la conciencia social del momento.

Mientras se prepara la guerra el Rey Fernando II abre diálogo con el Patriota representante de la clase insurgente quien en realidad es un Marques hijo de españoles, heredero de una hacienda que Felipe II  concedió a su padre. El patriota pide que esta relación de entendimiento con el rey se mantenga en reserva.

Acción artística amplificada por el uso de los muñecones y prolífera de intenciones por el manejo de un texto desembozado. El público ríe con intención de dirigir su ironía hacia circunstancias políticas repetidas a lo largo de la historia.

El contador de historias vuelve esta vez convertido en pintor. Ha pintado el campo de batalla en lo que hasta aquí se veía como pared y teatrino.

Pintura infantil. De un lado el ejército liderado por Aymerich y del otro lado por tres soldados bolivarianos.

Del dibujo aparecen dos brazos humanos enfrentados que representan la batalla de los ejércitos a través de una pelea de dos manos. Halan,  pellizcan,  tuercen, empujan, chirlean, todo esto acompañado de gritos y pelea verbal.

La escena es resuelta teatralmente de manera perfecta produciendo el momento de mayor disfrute del público que ríe por el ingenio y la forma en que se enfrentan las manos.
La guerra libertaria pierde seriedad y veracidad histórica para dar lugar a un momento de comicidad infantil.  
Al final de la escena el mismo personaje contador de historias parecería que abandona la obra y simplemente charla con el público acerca de lo sucedido generando el segundo distanciamiento.

La obra termina con la anécdota de Abdón Calderón y su padre Francisco Calderón coronel realista, tesorero de los caudales reales que se negó a entregar los recursos al ejército al que se pertenecía y lo cedió al gran colombiano.  

Abón Calderón cuenta su ingreso al ejercito de Sucre y en el Pichincha muere.  Su muerte no sucede por causa natural o tuberculosis,  tampoco debido a su desempeño bélico, más bien por falta de empatía con el resto de los títeres.