sábado, 27 de junio de 2015

Comentario Teatral: "LA CASA DE BERNARDA ALBA" Mario Ojeda

PROGRAMACIÓN DEL PATIO DE COMEDIAS

LA CASA DE BERNARDA ALBA


Mario Ojeda


Elenco:
Bernarda Alba: María Beatriz Bergara / Poncia: Juana Guarderas/ Adela: Sonia Valdez / Angustias: Valentina Pacheco / Martirio: Silvia Brito / Magdalena: Alejandra Albán / Amelia: Marilú Vaca / Criada: Lorena Rodriguez / María Josefa: Valentina Pacheco / Prudencia: Paulina Tapia.
Autor: Federico García Lorca.
Dirección: José Cracio
Asistente de dirección: Marilú Vaca
Iluminación: Pilar Velasco
Vestuario: Pepe Rosales

García Lorca  termina de escribir esta obra en 1936 dos meses antes de su asesinato en medio de la Guerra civil española.

Se estrena en Argentina en 1945 y recién para 1964 se estrena en España debido a la censura oficial y por falta de autorización de la familia del autor.
A partir de entonces se ha convertido en una de las obras preferidas de los elencos artísticos, llegando a ser interpretado incluso bajo el género clown.

La trascendencia de García Lorca como dramaturgo lo atestigua un conjunto de obras de gran nivel que han sido representadas en varios idiomas pero su posición como hombre de teatro lo podemos resumir con sus propias palabras:

“Un teatro sensible y bien orientado  puede cambiar en pocos años la sensibilidad del pueblo; y un teatro destrozado, donde las pezuñas sustituyen a las alas, puede achabacanar a una nación entera”.

“El teatro es una escuela de llanto y de risa y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equívocas y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y del sentimiento del hombre”.

“Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo;  como el teatro que no recoge el latido social, el latido histórico, el drama de sus gentes y el color genuino de su paisaje y de su espíritu, con risa o con lágrimas, no tiene derecho a llamarse teatro, sino sala de juego o sitio para hacer esa cosa horrible que se llama "matar el tiempo”

(Extractos de la Charla sobre el teatro. Federico García Lorca el 2 de febrero de 1.935)

Varios autores dicen que La Casa de Bernarda Alba es para Lorca el fin de una etapa como dramaturgo y el inicio de otra, en la que se hace presente una teatralidad madura y profunda, con una gran capacidad para universalizar sus temas.

Según la crítica española de los días del estreno, junto a “Yerma” y a “Bodas de Sangre”, “Bernarda” completa una trilogía que retrata y desnuda a la España interior, aquella que sólo se la puede conocer detrás de los muros y de los rostros de apariencia.

La puesta en escena que se encuentra en temporada en la sala del Patio de Comedias es sin lugar a dudas un trabajo Lorquiano.

El decorado del escenario nos hace sentir, desde antes del primer movimiento de las actrices, que en el discurso artístico se respetará la dramaturgia que el autor  había impregnado a su manuscrito y que nunca llegó a verla en escena.

El cálido y querido escenario del Patio de Comedias luce esta vez serio, adusto,  dispuesto para lo que allí sucederá: formas de vida enfrentadas entre el blanco y negro.

Blanco en el piso y paredes, negro en todo lo demás,  tal cual García Lorca lo había deseado.

Esta lectura inicial de la puesta en escena se irá confirmando en el transcurrir de la obra.

El Acto I se inicia con La Criada en diálogo con Ponsia.  La Criada con su voz denuncia lo que sus manos sienten al limpiar obcesivamente una porción de piso: su azotada vida dentro de la  casa.

Ella y Poncia han visto todas las costuras al revés y al derecho de las vidas de sus patrones y conocen sus intenciones y perversiones.

En torno al funeral de su esposo hace su aparición Bernarda Alba, mujer de apariencia agradable hasta el momento en que abre su boca y resuenan sus palabras tanto como las pisadas de sus botas. Unas y otras se funden para exterminar todo lo que a su paso encuentra y que se interponga entre su acción y sus pasiones: La honra, El buen nombre de la familia, La tradición y Las normas.

Sus cinco hijas, como cinco dedos que lleva la mano, son distintas entre ellas y se mueven entorno a sus propias convicciones en el espacio del encuentro mutuo. Cuando aparece su madre, se anulan y callan.

Siete mujeres en una obra, cada cual con sus sentimientos y su deseos. No habrá mediación ni sometimiento posible. El drama trágico ronda como llovizna triste en siete días de una semana.

Bernarda Alba, inquisición hecho mujer, somete a sus hijas a ocho años de luto y encierro en la casa.

El elemento dinámico, quien desarrolla de conflicto humano de esta familia, irrumpe silencioso primero, para convertirse luego en enorme fuerza de atracción. Un Hombre.

La pieza teatral gira alrededor de este sorprendente personaje, al cual, la experiencia humana y poética de García Lorca le impide entrar a cuerpo visible alguno.

Nunca se lo ve pero se lo siente tan común y cotidiano como cualquier otro y sin embargo por la fuerza de la pasión de tres hermanas se convierte en el personaje más desarrollado de esta obra.

Si Angustias y Martirio se enamoran del hombre y esperan de él su correspondencia, en cambio Adela,  la hermana menor, ama activa y pasionalmente al hombre no idealizado, a Pepe el Romano. Se adelanta al amor de las otras dos porque ella hace lo que su sentir le exige.

Entre estos cinco personajes, que son los principales, gira el conflicto central del argumento de la obra, creando una estructura interna compacta cargada de muchas significaciones.

Todo el peso de valores tradicionales se enfrenta a nuevas formas de concebir y materializar el sentimiento del amor. La represión enfrenta al instinto libre. La paciente y pasiva espera frente al impulso de la seducción. La monotonía del encierro y luto al interior de la casa frente a su exterior dinámico, bullicioso y cotidiano. Bernarda Alba frente a su hija Alba. Lo negro frente a lo blanco pero a la vez lo blanco frente a lo negro.

Al final la muerte se encuentra consigo misma en el suicidio de Alba porque ha sido denunciada frente a su madre por Martirio.

Esta lucha de fuerzas antagónicas, materializado en personajes bien diseñados y definidos,  es matizado y a la vez distribuido por un personaje clave para la teatralidad de la obra que es Poncia.

Ama de llaves de siempre, tiene la capacidad de entrar de manera apropiada en la psíquis del espectador a través de diálogos, sugerencias, consejos y hasta sentencias dirigidas a sus patronas, quienes pueden desnudar sus intenciones frente a un personaje con poca capacidad de decisión.

Este personaje es un enlace entre la realidad y la ambientación simbólica propia de la poética de García Lorca pero también es un enlace entre lo que piensan y sienten los personajes y lo que el público vive dentro de la obra.

El montaje realizado bajo la dirección de José Cracio hace algún tiempo atrás ha vuelto al Patio de Comedias y sigue siendo un trabajo limpio, con una dramaturgia lorquiana que se fundamenta en cuatro aspectos principales:

Un trabajo de actuación de estilo realista muy profesional, un respeto absoluto al lenguaje literario de Lorca, una estructura dramática de corte aristotélico en cada acto y en el conjunto y una gran capacidad para crear ambientaciones simbólicas densas sin ser sucesivas entre ellas.

Ninguno de esto aspectos sobresale por encima del resto sino que se conjugan sutilmente para dar como resultado aquello que Lorca impuso en su texto: Un documental fotográfico.

Es evidente que el director sabía cómo lograrlo teniendo como base un texto literario teatral lleno de poesía, con el recurso de la sonoridad de los versos y las imágenes literarias que a través de la actuación crean nuevas realidades simbólicas.

Por ello sería equivocado decir que es un montaje realista. ¡ Es Lorquiano ¡ 

"El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse,  habla y grita,  llora y se desespera”. (Federico García Lorca.).